Cualquier momento es bueno para marcarnos buenos propósitos y objetivos a lograr durante el año. Muchas veces nos encontramos con las pilas cargadas y concienciados de que este año será diferente, de que es necesario hacer ciertos cambios o lograr ciertas metas… pero la experiencia previa nos dice que esas buenas intenciones se quedan en eso, “buenas intenciones” que no se materializan en acción ni en logros. Pero…. ¿Por qué nos ocurre esto? ¿Por qué nos falta “fuerza de voluntad”? ¿Qué podemos hacer para conseguir llevar a la acción nuestros propósitos?…
Vamos por partes, y lo primero: ¡no te desanimes!. Los psicólogos sabemos mucho acerca de cómo lograr implementar cambios en la conducta de la gente y al final de este post, desde ITEMA, te propondremos una serie de pautas que pueden ayudarte a conseguir tu objetivo.
¿Por qué nos cuesta persistir en las cosas?
La ciencia ha demostrado que las consecuencias inmediatas son las que mayor peso tienen a la hora de mantener una conducta, por lo que cuando algo nos supone esfuerzo y dificultad y no reporta beneficios inmediatos, tendemos a desmotivarnos y abandonar. Esto es lo que suele ocurrir con la mayoría de nuestros objetivos (hacer más deporte, ponernos a dieta, dejar de fumar…). Pero entonces… ¿Por qué hay gente capaz de realizar esfuerzos y mantenerlos en el tiempo?
¿Qué es la fuerza de voluntad y de qué depende?
La “fuerza de voluntad” no es un rasgo interno que llevemos en nuestros genes. No es algo que unos pocos afortunados tengan y otros no. Se trata de una capacidad que todos podemos desarrollar, entrenar y aplicar en aquello que nos interese.
La fuerza de voluntad es la capacidad de persistir en actividades, objetivos o conductas que suponen un coste o esfuerzo inmediatos y no reportan un beneficio a corto plazo, pero que, sin embargo, tendrán consecuencias positivas en el futuro (Ej. Si hago ejercicio mejoraré mi salud y bajaré de peso). Pero precisamente para lograr esos beneficios hay que persistir el tiempo suficiente como para hacerlos presentes. Si siempre nos rendimos, es difícil que nos veamos alentados a continuar, pero si conseguimos hacer ese pequeño esfuerzo inicial, llegará un momento en que dicho esfuerzo ya no parezca tan grande y las gratificaciones que antes nos parecían tan lejanas, se empezarán a percibir y a disfrutar.
¿Puedo aprender a tener fuerza de voluntad?
Para trabajar la “fuerza de voluntad” y dejar de ser vencidos por el esfuerzo y la pereza podemos realizar ciertos cambios que nos ayudarán a persistir en nuestros objetivos:
1) Traer al presente los beneficios diferidos: Pensar en los beneficios futuros de una conducta competirá con el esfuerzo que supone iniciarla y mantenerla y abrirá el camino para que empecemos a experimentar los beneficios reales. Con el tiempo, esos resultados positivos nos ayudarán a mantener la conducta. (ej. Si dejo de fumar mejorará mi salud; si salgo todos los días a correr perderé peso).
2) Utilizar estrategias y trucos para poner en marcha la conducta. Pasar a la acción es el primer requisito para lograr las metas y cambios. Más adelante te damos algunas pautas que te pueden ayudar a ello.
3) Crear hábito. La práctica permite que la conducta se consolide, de manera que ya no nos demanda tanto esfuerzo ni atención. Se “automatiza” y se termina asociando a ciertas señales (horas, momentos del día, situaciones y personas), en cuya presencia, la pondremos en marcha fácilmente y casi sin pensarlo. Piensa en un hábito que ya tengas adquirido…
Pautas para conseguir nuestros objetivos y propósitos
1) Fíjate objetivos concretos, realistas y a corto plazo: Divide los objetivos grandes y globales en subobjetivos más concretos, específicos y asumibles (Ej. En lugar de proponerte hacer más ejercicio, fíjate unos días y tiempo a cumplir). Fíjate metas que puedas llegar a alcanzar y márcate hitos a corto plazo: los harán más abarcables y te permitirá disfrutar de la satisfacción de irlos alcanzando.
2) Planifica un avance progresivo: Aumenta progresivamente los niveles de exigencia a medida que vayas alcanzando los hitos previos, de manera que te vayas acercando al objetivo final sin tanto esfuerzo.
3) Actúa. Ponte en marcha: No te limites a planificar y a quedarte en buenos propósitos. ¡Pasa a la acción! No se trata de esperar a que se den las condiciones apropiadas, se trata de generarlas. Tampoco esperes a que aparezcan las ganas, pues es probable que no aparezcan. Las ganas de hacer algo aparecen cuando se empiezan a hacer las cosas y no al revés. Algunas estrategias para ayudarte a pasar a la acción son:
- Póntelo fácil: Deja preparadas las cosas que necesites y aleja los estímulos que dificulten el logro de tu objetivo o te tienten a aplazar (Ej. Deja preparada la bolsa de deporte o llévala contigo si quieres ir al gimnasio, no tengas alimentos tentadores a la vista si lo que pretendes es cumplir la dieta…).
- Ponte recordatorios: Alarmas, post-it… ¡Cualquier cosa que te ayude a ponerte en marcha vale!
- Planifica tu tiempo: Contempla en tu horario un hueco para dedicarlo a tu objetivo. Si no, es probable que nunca encuentres tiempo para ello. También puede ser muy gratificante tachar aquello que vas cumpliendo.
4) Persiste. No te desanimes: Piensa que para conseguir las cosas la clave está en ser constantes, aunque al principio te cueste. Piensa que pronto empezarás a ver los primeros resultados y continuar será más fácil, pero hasta entonces, ¡No puedes desanimarte!
- Recuérdate los beneficios: En los momentos de pereza o desánimo recuérdate los motivos de tu propósito. ¿Por qué merece la pena? Haz un listado al que puedas acudir en momentos de flaqueza.
5) Alégrate por los pequeños logros: Detecta tus pequeños logros y felicítate por los primeros esfuerzos y por cada paso logrado. Si esperamos a lograr nuestro objetivo final para alegrarnos, estamos destinado a la frustración y al abandono.
- Recompénsate con algo gratificante: Reserva para después de tus esfuerzos alguna actividad que te guste y haz que tu premio esté condicionado a la implicación con tu objetivo.
Las pautas anteriores son estrategias generales que requieren ser adaptadas al objetivo en cuestión, pero pueden darte algunas pistas sobre cómo proceder. No obstante, es preciso insistir en que son múltiples los factores que pueden influir en que algo nos resulte costoso y en muchas ocasiones, lograr cambios en nosotros no resulta fácil, sobre todo si se trata de comportamientos o rutinas que hemos mantenido durante mucho tiempo. Si para ti es importante conseguir cambiar algún aspecto específico de tu forma de ser, tus hábitos o tu vida, o quieres lograr cierto objetivo y por ti mismo no lo estás consiguiendo, no caigas en pensar que no es posible y prueba a buscar ayuda psicológica. Los psicólogos nos ocupamos del estudio y la modificación de la conducta, y en concreto, los que trabajamos en el ámbito clínico y sanitario nos ocupamos de ayudar a la persona a realizar cambios en comportamientos que resultan problemáticos o generan malestar, tratando de incorporar otros comportamientos más beneficiosos. Las pautas de un psicólogo se ajustarán a tu caso, ayudándote a superar las dificultades que hasta ahora te habías encontrado y a lograr finalmente tus metas.
*Recientemente hablamos en La Ventana de la Cadena SER con Elia F. Granados y Roberto Sánchez sobre la fuerza de voluntad en la sección «Mañana Empiezo». Puedes escuchar la entrevista en este enlace (a partir del min. 19): Mañana empiezo a tener fuerza de voluntad.
Artículo de Miriam Rocha Díaz
EL RECREO | @mananaempiezo a tener fuerza de voluntad https://t.co/xvZLjBpekG
— La Ventana (@laventana) August 31, 2017










