A menudo puede resultar difícil saber si como clientes estamos recibiendo un buen servicio por parte del psicólogo al que acudimos. Por este motivo, repasaremos a lo largo del artículo una serie de indicadores que nos permitirán asegurarnos de que estamos ante un buen profesional.
- Nos informa de todo lo que supone una intervención psicológica.
Es absolutamente fundamental que un cliente conozca cómo va a ser el funcionamiento de las sesiones, el proceso de la intervención y la metodología de trabajo, así como que resuelva todas las posibles dudas que nos puedan surgir tanto sobre estos asuntos como sobre cualquier otro que concierna al proceso terapéutico. Entender cómo va a funcionar la intervención y que nuestras dudas hayan quedado resueltas sentará la base a partir de la cual podremos comenzar a trabajar.
- Fases de la intervención.
En la gran mayoría de los casos, las sesiones serán semanales y con una duración de una hora cada una. De esta manera, hay tiempo suficiente entre sesión y sesión para que mediante el trabajo que vayamos haciendo fuera de la misma, se vayan afianzando los cambios.
El proceso se dividirá en tres fases: evaluación, explicación de los resultados de dicha evaluación e intervención.
- En la evaluación, el psicólogo pretende conocer cuál es la problemática que nos ha traído a sesión y cuáles son los objetivos que perseguimos alcanzar pidiendo ayuda psicológica. Para ello, nos irá haciendo diferentes preguntas enfocadas a ir obteniendo información a partir de la cual pueda llevar a cabo un análisis científico de la misma que le permita diseñar la intervención individualizada que se seguirá. También es frecuente que nos pida que rellenemos un autorregistro u otros instrumentos de evaluación para le demos información de las situaciones en las que estos problemas se dan.
- Una vez finalizada la evaluación, la cual durará de media unas tres o cuatro sesiones, dedicará tiempo a explicarnos por qué tenemos dicho problema, qué lo origina y qué lo mantiene, a decidir cuáles serán los objetivos de la intervención y qué técnicas se utilizarán.
- Entonces se procederá a comenzar el tratamiento como tal, encaminado a generar cambios en nuestra conducta.
- Por último, habrá una fase de seguimiento en la cual la frecuencia de las sesiones se irá reduciendo y en la que se perseguirá que los cambios que hayamos llevado a cabo se mantengan en el tiempo.
Aunque al principio nos pueda parecer que seguir esta estructura enlentece el proceso, es la única forma de garantizar que la intervención vaya a dar resultados, ya que estará diseñada para nosotros y atendiendo a nuestra problemática específica.
- Objetivos terapéuticos y cómo conseguirlos.
Como hemos comentado en el punto anterior, tanto los objetivos como la forma de alcanzarlos se decidirán en conjunto, al igual que el orden en el que abordarlos. Es muy importante que éstos estén bien definidos por diferentes motivos:
- Tanto al profesional como a nosotros nos ayuda a conocer en qué punto se encuentra la intervención.
- A nosotros nos ayuda a entender por qué se están dando los pasos que se están dando.
- Evita que la terapia se alargue innecesariamente, ya que la consecución de los objetivos señalará el final de la misma.
- Tareas para casa: trabajo en equipo.
Resultaría tremendamente complicado que los cambios necesarios para sentirnos mejor se dieran si sólo los pusiéramos en práctica durante una hora a la semana en la consulta. Es por ello por lo que tendremos que ir realizando una serie de tareas semana tras semana fuera de la misma cuyo cumplimiento favorecerá el éxito terapéutico.
- Relación terapéutica.
Uno de los pilares de cualquier intervención psicológica es la relación entre el cliente y el terapeuta. Esta relación es asimétrica, es decir, nos encontramos ante un profesional especializado, con los conocimientos necesarios, que nos da pautas de cómo se ha de proceder. No es alguien que simplemente se limita a escuchar o aconsejar.
La relación debe ser en todo momento estrictamente profesional, un medio para conseguir los objetivos propuestos en la terapia. Para ello, el psicólogo debe garantizarnos que la información que le proporcionemos se mantendrá bajo la más estricta confidencialidad. Otro aspecto relevante que sostendrá dicha relación será que no nos sintamos juzgados en ningún momento por nuestro psicólogo.
- Duración de la terapia: autonomía versus dependencia.
Por último, resulta complicado plantear cuál es la duración que debe tener una intervención psicológica. Multitud de factores, como pueden ser la naturaleza de la problemática que nos lleva a solicitar la ayuda, el número de objetivos planteados o nuestro nivel de compromiso al seguir las pautas, entre otros muchos, determinarán la duración de la terapia.
Aun así, una “pista” nos puede ayudar: si nuestro psicólogo fomenta que vayamos siendo cada vez más independientes de su guía y nos anima a ir resolviendo por nuestra cuenta aquellas situaciones que se nos presentan, sabremos que su objetivo genuino es ayudarnos.
Johana Hernández
Alumna Promoción 2016-2018











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