La situación terapéutica es aquel contexto que se da cuando una persona acude a consulta con el objetivo de cambiar conductas (con el término “conducta” nos referimos a conducta motora, cognitiva o emocional) que le están resultando problemáticas en su día a día. El cliente se encuentra en este contexto generalmente una vez a la semana o cada 15 días durante el proceso terapéutico.
En este artículo voy a explicar los motivos por los que la situación terapéutica es un contexto natural al igual que lo son otros contextos como el laboral, familiar, o académico, y cómo los profesionales de la psicología clínica lo utilizamos en beneficio de la intervención terapéutica.
Conductas Clínicamente Relevantes:
En primer lugar, es fundamental mencionar las Conductas Clínicamente Relevantes que se dan en el contexto terapéutico. Las Conductas Clínicamente Relevantes (CCR) son aquellos comportamientos problemáticos del individuo que tienen lugar en sesión y que nos dan información de interés sobre la persona y el problema. Estas conductas pueden ser muy diversas: modos no asertivos de comunicarse, tensión muscular, tics nerviosos, falta de contacto ocular, quejas, describir la realidad de manera desajustada,… pueden ser algunos ejemplos de Conductas Clínicamente Relevantes que se dan en el contexto terapéutico además de en otros contextos de la vida de la persona que acude a terapia.
Estos comportamientos o conductas problemáticas son una muestra de lo que ocurre fuera de sesión y le dan al terapeuta una información muy valiosa de cómo se está dando el problema, permitiendo la observación directa y con ello la evaluación de lo que está ocurriendo. Una vez evalúe estas conductas, el terapeuta va a poder dar las pautas necesarias para que el cliente pueda modificarlas, comenzando a modificarse muchas veces en el mismo contexto terapéutico para luego generalizarse al resto de contextos del individuo.
Para comprenderlo mejor voy a poner el ejemplo de Juan de 30 años, una persona que acude a consulta por problemas de habilidades sociales y por su tendencia a describir la realidad de una manera muy negativa, lo que le ocasiona gran malestar. Cuando interactúa con otras personas, Juan aparta la mirada, utiliza un tono de voz bajo, y se muerde las uñas. Además, tiende a describir situaciones que ha vivido de una manera muy negativa que no se ajusta a la realidad, verbalizando que todas las personas que conoce le odian y que no sabe hacer nada bien. Todas estas conductas, además de tener lugar cuando está en el trabajo, en el supermercado, o en una reunión de amigos, también se dan en sesión. Puesto que el contexto terapéutico también supone un contexto natural, el terapeuta utilizará este espacio para señalar al cliente estas conductas y comenzar a modificarlas en este mismo contexto. En este caso, se entrenará a la persona en elevar su tono de voz, comenzar a mirar a los ojos a su interlocutor, y dejar de morderse las uñas, algo que empezará a practicar en sesión durante la interacción con el terapeuta. Además, en los momentos en que el cliente describa de manera desajustada las situaciones de su día a día, el terapeuta debatirá con la persona estas ideas (en este caso la persona no tiene evidencia de que eso que piensa sea cierto), entrenándola en un modo más ajustado y realista de describirse la realidad, una habilidad que la persona irá incorporando a su repertorio y generalizando a los distintos contextos de su vida de manera progresiva. Pese a que esto sería una manera muy simplificada de explicar todo el trabajo que se realiza en el proceso terapéutico de un caso como el de Juan, nos sirve para ejemplificar cómo las conductas problema se dan en sesión y pueden comenzar a modificarse en este contexto (o al mismo tiempo que se modifica en otros contextos).
Aprendizaje de nuevas conductas en un ambiente controlado:
El proceso terapéutico consiste en que la persona desaprenda aquellos comportamientos que le resultan problemáticos y provocan malestar, y en el aprendizaje de nuevos comportamientos más adaptativos. Esta modificación de conductas se irá produciendo paulatinamente mediante la aplicación y puesta en práctica que el cliente haga de las técnicas aprendidas en sesión.
Para el aprendizaje de estas nuevas conductas, el contexto terapéutico es un buen lugar para comenzar. La ventaja de este contexto es que es un espacio controlado en que el terapeuta puede establecer las condiciones en las que va a producirse este aprendizaje y observar las dificultades que presenta el cliente y sobre las que se va a trabajar. Para ilustrarlo mejor pondré dos ejemplos: un caso de miedo a volar, y un caso de entrenamiento en habilidades sociales.
- Miedo a volar: En casos de miedo a volar, se utilizan técnicas como la exposición o la desensibilización sistemática para que la persona deje de presentar una respuesta de miedo ante estímulos relacionados con volar en avión. Generalmente, se comienzan a aplicar estas técnicas en sesión utilizando la imaginación o material audiovisual (vídeos, fotos,…). Esto da al terapeuta la posibilidad de controlar las variables de las situaciones que se le presenten a la persona en sesión, así como de resolver aquellas dificultades que vayan apareciendo. En este caso, la persona comienza a aprender a comportarse de otro modo ante estímulos relacionados con el avión en el contexto terapéutico para que de manera paralela o más adelante pueda generalizarlo a otros contextos.
- Entrenamiento en habilidades sociales: Al igual que en el ejemplo anterior, en un entrenamiento en habilidades sociales el terapeuta utiliza la ventaja de que la situación terapéutica es un ambiente controlado para que la persona comience a llevar a cabo conductas socialmente habilidosas. El terapeuta irá jerarquizando situaciones simuladas o role-playing de menor a mayor dificultad en sesión, para que la persona pueda aprender a desenvolverse en diversas situaciones que se le planteen e incluso con diferentes personas que el terapeuta utilice en dichos role-playing. De este modo, la persona irá adquiriendo estas habilidades sociales en un contexto controlado donde el terapeuta moldeará su conducta indicándole el modo de proceder y resolviendo todas las dificultades que aparezcan. Para la generalización del aprendizaje, la persona pondrá en práctica las habilidades sociales aprendidas en sesión en los diferentes contextos de su vida.
Generalización a otros contextos:
Tal y como hemos visto, el contexto terapéutico es un contexto natural donde se aprenden y desaprenden conductas. No obstante, para que el cliente modifique sus conductas fuera de sesión es fundamental que se produzca el proceso de generalización a otros contextos. Por este motivo, es necesario que el cliente realice lo que llamamos “tareas para casa” fuera de sesión, poniendo en práctica las técnicas aprendidas. De este modo, cuanto más se pongan en práctica las nuevas habilidades y mayor sea el número de contextos en los que se practiquen, la consolidación del aprendizaje de las nuevas habilidades y su generalización será mayor, produciéndose poco a poco una modificación de los comportamientos que perdure en el tiempo.
En resumen, el contexto terapéutico es un contexto donde el cliente manifiesta Conductas Clínicamente Relevantes y donde va a aprender y desaprender diferentes conductas, con la ventaja de ser un espacio controlado. Dadas sus características, no hay razón de que no sea considerado como un contexto natural donde también va a darse el aprendizaje de nuevas conductas adaptativas. No obstante, es fundamental que el aprendizaje que se produzca en el contexto terapéutico se generalice al resto de contextos presentes en la vida de la persona.
Alicia Oltra
Alumna Promoción 2016-2018









