Es muy frecuente encontrar blogs, libros o charlas en YouTube sobre la felicidad y cómo alcanzarla. Es normal: todos queremos ser felices. Por desgracia (o por suerte), y contrariamente a lo que se dice en muchos de estos escritos, no hay una receta universal para la felicidad: las circunstancias de cada uno, sus experiencias pasadas e incluso su propia definición de la felicidad hace que lo que vale para unos no valga para otros.
Sin embargo, se ha puesto muy de moda una aproximación particular a la idea de conseguir la felicidad: el pensamiento positivo.
La idea básica vendría a ser que si uno se concentra en las cosas positivas y piensa que todo va a ir bien, el Universo le enviará felicidad y cosas buenas. ¿Tienes una entrevista de trabajo? Piensa que va a ir bien, y te irá bien. ¿Quieres conseguir pareja? Piensa que la vas a encontrar, y la encontrarás. ¿Te han diagnosticado una enfermedad grave? Piensa que te vas a curar, y te curarás.
Suena un poco ridículo cuando se expresa así, ¿verdad? Sin embargo, hay más de un autor de libros de autoayuda que se ha lucrado con esto, y el pensamiento positivo es ya una industria millonaria. Cualquier búsqueda en internet devolverá miles de resultados con tantos otros libros acerca del «poder del pensamiento positivo».
Pero ¿hasta qué punto es el pensamiento positivo la clave de la felicidad y la forma de conseguir lo que se desea? ¿Qué peligros puede acarrear esta forma de enfrentarse a la vida? Vamos a verlo.
¿Pensar en positivo me ayuda a conseguir mis metas?
En situaciones en las que no se sabe cuál va a ser el resultado de nuestras acciones, pensar que las cosas van a salir bien puede ayudarnos. En el ejemplo anterior de la entrevista de trabajo, pensar que lo vas a hacer bien te puede ayudar. Pero, obviamente, no va a ser por una cuestión de equilibrio y justicia cósmica; simplemente, si piensas que va a ir bien irás más relajado a la entrevista y probablemente causarás mejor impresión. ¿Garantiza esto el éxito? No, por supuesto que no. Por muy relajado y confiado que vayas a una entrevista de trabajo, hay otros muchos factores que influyen (desde tu adecuación al puesto hasta las políticas de la empresa); sin embargo, siempre será mejor ir relajado y confiado que tenso y asustado. Otro ejemplo: si vamos a una fiesta pensando que lo vamos a pasar bien, estaremos más dispuestos a interactuar con otras personas de forma positiva y, por lo tanto, estas personas también estarán más dispuestas a interactuar con nosotros y sí, lo pasaremos mejor que si hubiéramos ido a la fiesta anticipando que va a ser un tostón y que no nos interesa hablar con nadie de los invitados.
En resumen: cuando nos enfrentamos a situaciones que nos pueden poner tensos o en las que nos jugamos algo, es preferible ir con tranquilidad y confianza. Y eso es más fácil si uno piensa que las cosas van a salir bien.
Pero, ¿cuál es el peligro?
El peligro es basar nuestro pensamiento positivo en ideas irracionales; no es lo mismo ir a una entrevista de trabajo pensando que las cosas van a salir bien porque me he preparado a conciencia y soy un buen candidato que pensando que van a salir bien porque el Universo me lo debe. En el primer caso, el pensar de manera positiva es un añadido que puede hacer que un buen candidato destaque sobre otros por su forma tranquila de comportarse; en el segundo caso, no se pone énfasis en la preparación necesaria.
Hay otro peligro que es aún peor: si pensamos que lo único que tenemos que hacer para conseguir nuestras metas es desearlo muy fuerte y pensar en positivo, no nos prepararemos adecuadamente y probablemente fallaremos. Dentro del esquema del pensamiento positivo, eso significaría que no lo hemos deseado y pensado con la suficiente fuerza, lo que nos convierte en culpables de nuestra propia desgracia. El pensamiento positivo, además, no solo no ayuda en circunstancias graves (como una enfermedad mortal, por ejemplo), sino que puede causar más sufrimiento precisamente por esa culpabilización del que sufre. Porque la lección que da el pensamiento positivo es que si sufres es porque te lo mereces.
Y entonces, ¿qué hago?
Pensar en positivo, por sí mismo, no cambia nada más que tu actitud. Se puede decir que la actitud ya es mucho y sí, en algunas circunstancias puede serlo, pero siempre sobre una base racional y lógica. ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres conseguir tus metas? Pues prepárate a conciencia. Entrena, estudia, esfuérzate y después, desde la confianza, piensa que puedes conseguirlo. Porque la felicidad, la definas como la definas tú mismo, siempre va a requerir trabajo. Como todo lo que merece la pena.
Ricardo de Pascual Verdú







