Viajar, ya sea por placer, necesidad o exploración han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales. Decir esto es casi una obviedad. No obstante, a lo largo de la historia se han producidos algunos cambios. Dos cambios fundamentales han sido: la rapidez y el coste. Los medios de transporte al alcance desafían en muchos sentidos el tiempo y el espacio. Y las nuevas herramientas de comunicación: Facebook, WhatsApp, Instagram… son elementos clave de esta transfiguración del acto del viajar. Un día alguien se va por el motivo que sea, y pocas horas después de llegada, las redes se llenan de imágenes de esta persona en un lugar y tiempo completamente distinto.
Una ida, en muchas ocasiones sigue a una vuelta; y esta también se ha visto alterada por los cambios que hemos mencionado.
Sin embargo, entre estas dos acciones, hay una diferencia fundamental: ante la ida, uno suele prepararse; organizar; anticipar dificultades: nueva cultura, lengua, construir una vida nueva con casa; amigos, trabajo… Por el contrario, ante la vuelta, uno puede caer fácilmente en la trampa de “malo conocido”; encontrándose con la sorpresa de que lo conocido ya no lo es tanto, y que quizás para esta, también hay que prepararse.
En internet los blogs de viajeros, expatriados, erasmus… nos hablan del síndrome del eterno viajero; del “cultural reverse shock”; del duelo de la vuelta…etiquetas, descripciones que anticipan dificultades como sentimientos de desamparo, sensación de sentirse fuera de lugar, tristeza. Sin embargo, ninguno te da una guía de cómo anticiparnos a esto y manejar estas dificultades. Aquí te presentamos 3 cuestiones que pueden ayudar a afrontar este proceso:
- No todas las vueltas, son iguales. Párate a pensar: ¿cómo te fuiste? ¿Cómo fue tu estancia?
Antes incluso de volver es importante considerar dos elementos que pueden facilitar o dificultar nuestra vuelta. Estos son:
- Motivo de la ida/vuelta: ¿te fuiste con un “no vuelvo nunca más, estoy harto de este lugar” o “esta estancia es para un año”, “pruebo y vamos viendo”? Entre estos discursos, las emociones asociadas pueden ser muy diferentes. En la primera, la vuelta puede interpretarse como un fracaso, acompañando emociones de enfado, miedo o tristeza. Imagínate si interpretas tu vuelta como un fracaso; el mero hecho de estar, se convierte en un constante recuerdo del mismo. Así que, cuando te veas en estas: Párate y dite “Sin vuelta no hay ida, la ida me ha aportado muchas cosas”. Esto, acompáñalo con un balance por escrito de lo que has vivido y hecho. Poner en papel te ayudará a darte de cuenta de todo lo que has aprendido y añadido a tu repertorio, independientemente de porque hayas vuelto.
- Duración de la estancia y regularidad del Contacto con el lugar de origen:6 meses, 1 año, 6 años; 3 vueltas a casa; llamadas de Skype semanales a tu familia; volver un día sin avisar… No subestimes todo esto. La regularidad del contacto ayudará mucho a manejar el tiempo que te has ido. Si te has ido y todavía no has vuelto, retoma progresivamente el contacto con alguien que esté ahí. No hace falta que sea un gran grupo, piensa en una o dos personas con las que te sentías a gusto y escríbelas par a ver que tal les va. Otra cosa, si vas a estar más de 6 meses, no está de más programar algún viaje de vuelta. El “choque cultural a la inversa” no es otra cosa que un contraste fuerte por haber estado tiempo sin ver aquellas cosas que eran familiares, precisamente porque las veías todos los días.
Y si ya has vuelto, no tengas miedo a llamar a la gente, recordarles que has vuelto. Se han acostumbrado a que no estés, como tu te has desacostumbrado a estar, y te toca a ti recordarles que has vuelto. No, no eres un pesado. Esto es interpretar y poner cosas en boca de otros que no sabes sin son ciertas. Verás que cuanto más les escribas, te muevas, llames, aumentará la probabilidad de que estas personas vuelvan a incorporarte en su rutina. ¿Te acuerdas de cómo conociste a gente cuando estabas fuera? Pues esto es lo mismo, pero mucho más fácil, porque a estas personas ya las conoces.
- Procesar el cambio: No es solo cuestión de tiempo, Actúa.
Como ya has podido ir deduciendo, efectivamente el tiempo suele jugar un papel fundamental en la habituación ante los cambios. Cuantas más veces pases delante de la nueva panadería de enfrente de tu casa, más familiar se va hacer. Pero no te engañes, adaptarnos a una situación requiere por nuestra parte acciones, aunque el sitio al que llegamos sea “conocido”. Antes o cuando llegues, es importante que traces un plan. Plantéate algunas cuestiones esenciales: ¿donde vas a vivir? ¿tus pertenencias que dejaste atrás las tienes localizadas o está todo desperdigado en cajas en casas de gente y tus padres? ¿Tienes trabajo o vas a buscar? ¿qué cosas hacías antes y te gustaría retomar? ¿qué cosas (actividades, hobbies) hacías cuando estabas fuera y que puedas incorporar ahora a tu vuelta a casa? ¿cómo puedes volver a hacerlas? ¿qué necesitas? Estas preguntas, te ayudarán a marcarte pequeños pasos y objetivos para tu regreso.
Otra cosa importante es tomarse tiempo para rediseñar un espacio tuyo, con tus cosas, fotos, recuerdos. Vence la pereza, deshaz las maletas en cuanto llegues, aunque ese primer lugar en el que estas no sea el definitivo y sea reducido.
Quizás al principio tengas que volver otra vez a casa de tus padres; vivir de tus ahorros, y pasar el día como los jubilados. Verás que tener tu espacio (aunque sea mínimo) y un plan a mano, te ayudará a marcar un rumbo. Paso a paso verás que esa sensación de desamparo es solo una sensación, y se desvanecerá. Tu tienes nuevas metas a las que dirigirte.
- No es el síndrome del eterno viajero, es que has aprendido a viajar.
La primera vez que te fuiste, o la vez que te fuiste, estabas nervioso. La incertidumbre, el no saber, hace que nuestro cuerpo se prepare para la acción. Incluso en ocasiones ese nerviosismo puede llegar a pararnos y que no hagamos las cosas.
Ahora, ya te has ido y has vuelto. Tu y tu cuerpo habéis aprendido que conlleva mudarse, cambiar de país, conocer gente nueva… Estar fuera ahora no es tan desconocido y en este proceso no solo la incertidumbre ha disminuido; has acumulado experiencias que te han resultado muy gratificantes, independientemente del resultado final. Por tanto, más que decirnos que nunca nos adaptaremos de nuevo; describe ajustadamente la realidad: ahora sabes viajar, y tienes muchas mas flexibilidad y facilidad para poder marcharte de nuevo, y por tanto te es más fácil pensar en ello.
Como puedes ver, la vuelta aunque conlleva una serie de dificultades, uno puede anticiparse y aprender a manejarlo. Así que, si te vas, vete con la excitación y nerviosismo que requiere la ocasión. Y si estas volviendo, aquí tienes una guía que puede hacer mas fácil el proceso en el que te encuentras.









